Ir al contenido principal

Pozo.



Entre las calles de la Victoria y de la Cruz. 

Según una tradición, en este lugar estaba la casa de Francisco de Viarte en la que había un pozo, por el cual penetraron los soldados calvinistas que acompañaban al archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión hasta el vecino convento de la Victoria. Tras saquearlo, robaron las joyas que guardaban los monjes, entre ellas dos espinas de la corona de Cristo guardadas en un relicario de oro y piedras preciosas quedándose con éste y tirando al pozo las espinas. Desde aquel momento, el agua del pozo, que siempre había sido amarga, se transformó en dulce y potable, llegando incluso a curar a algunos enfermos que la bebieron. Y así permaneció hasta que años más tarde, al sacar agua en un caldero, aparecieron las espinas y el agua se volvió amarga de nuevo. 

Otra tradición cuenta que el pozo pertenecía a un tal Solórzano, del cual saltaban basiliscos que luego se convertían en sapos, perros, gatos y otros animales. Se dice que un caballero murió por mirar a los ojos a uno de estos animales y que al ir a enterrarle, salieron del ataúd más de veinte mil bichos de todas las clases.


Del libro “Los nombres de las calles de Madrid”, Isabel Gea.
5ª Edicion - Fecha de la publicación: 14 Mayo 1993
Precio  6.90 €. / Ebook 3.45 €.
Editorial: Ediciones La Librería.
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

ASILO DE SANTA CRISTINA X

¿Por qué el edificio del Teatro Real tiene forma de ataúd?

El Teatro Real se construyó en el solar del antiguo teatro de los Caños del Peral que fue derribado por su mal estado en 1817. Un año más tarde, comenzó la construcción del nuevo teatro que se prolongó a lo largo de más de treinta años, siendo inaugurado en 1850 por la reina Isabel II. La planta del teatro resultó muy forzada por el solar que ocupaba, lo que había obligado al arquitecto Antonio López Aguado a articular la sala y el escenario de tal manera que quedaron muchos espacios vacíos así como un difícil tránsito a través de las alas y de las cajas de escaleras. Como la entrada por la plaza era de uso exclusivo para la familia real, y el público entraba por la fachada posterior en la plaza de Isabel II, los espectadores se veían obligados a recorrer interminables pasillos y escaleras. Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico señaló que «este edificio [el teatro] tiene la planta mas ingrata que para un edificio de esta clase ha podido elegirse». En cualquier callejero de Madrid…

ASILO DE SANTA CRISTINA VIII