domingo, 30 de noviembre de 2014

La azarosa vida de la Residencia de ancianos de Conde de Peñalver





Primero fue un convento, luego una checa, posteriormente cárcel (la de Torrijos) y, finalmente, residencia de ancianos. Allí estuvo encerrado Miguel Hernández. Una placa que pasa desapercibida lo recuerda.

A principios del siglo XX, la última voluntad de doña Fausta Elorz fue la construcción de una residencia de ancianas regentado por las Hijas de la Caridad. Durante la Guerra Civil el edificio cambió su función  pasó a ser penal de mujeres.

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