sábado, 27 de abril de 2013

Historia de una fuente





 Antes de que se construyera la actual plaza de Isabel II hubo una otra mucho más honda denominada plaza de los Caños del Peral, por la famosa fuente del mismo nombre. 

Junto a ella había otra denominada plazuela del Barranco, porque existía un desnivel muy profundo entre ésta y las calles que desembocaban a ella, alguna de la cual, tenía un puente de acceso hasta la misma. La profundidad de este barranco todavía puede apreciarse observando el desnivel de la calle de la Escalinata. 

La fuente de los Caños del Peral -situada en la plaza de Isabel II esquina a la calle del Arenal- tenía cincuenta y siete pilas de lavar. Fue el primer lavadero público y municipal, pues pertenecía al Ayuntamiento. 

Cuando en el siglo XIX se construyó la plaza de Isabel II se hizo necesario elevar ocho metros la altura de la línea del suelo sobre los terrenos de la antigua plazuela de los Caños del Peral rellenando con toneladas y toneladas de tierra. A consecuencia de ello desaparecieron algunas calles con nombres tan curiosos como la de Quebrantahuesos o Quebrantapiernas, que nos da una idea de lo difícil que debía ser poder llegar ilesos a la plaza. 

La nueva plaza recibió el nombre de Isabel II en honor a la reina, perdiéndose para siempre el de los Caños del Peral, uno de los nombres más antiguos de la Villa.

Volviendo a la fuente, en el verano de 1991, en las obras de remodelación de la estación de metro de Ópera apareció la fuente de los Caños del Peral en perfecto estado de conservación. Mide unos veinticinco metros de longitud y había sido enterrada bajo toneladas de piedra en el siglo XIX cuando se construyó la nueva plaza de Isabel II. 

Nada de esto se sabía pues siempre se había creído que había sido derribada. La monumental fuente, construida en granito de La Cabrera y con un gran friso de sillares almohadillados, se halla emparedada detrás de un andén del metro. 

La idea era poder mostrarla al público en su mismo emplazamiento, por lo que se barajó la posibilidad de iluminarla y protegerla con un cristal para que sea posible su visión desde el andén. Nunca se llevó a cabo esta idea y la fuente permanece escondida a los ojos del público.


Del libro “Curiosidades y anécdotas de Madrid”, 2ª parte
Isabel Gea.
Ediciones La Librería. 5ª edición. 6,50€.
 

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