viernes, 17 de octubre de 2014

El viaducto de Cantarranas



...  especial para Jacinto y para todos los aficionados de la Batalla de Madrid

Nuestro buen amigo Florentino Areneros ha retomado su magnífico blog con mucha fuerza después del “paréntesis vacacional”. Su “semanario decano de la guerracivilmaquia que sale cuando puede” llamado “Sol y moscas”, ha publicado un excelente trabajo sobre el viaducto de Cantarranas, en la Ciudad Universitaria.

Hemos terminado de leerlo con suma atención y solo podemos decir “vuelta al ruedo con dos orejas y rabo y salida por la puerta grande a hombros”.

Las nuevas generaciones no han llegado a conocer este viaducto, conocido como de los Quince ojos, por los tantos arcos que tenía. Y decimos tenía porque gran parte de ellos fueron enterrados en época relativamente reciente y, otros han sido cerrados y aprovechados sus huecos como almacenes, de tal suerte que, en la actualidad, solo dos permanecen abiertos para el discurrir del tráfico rodado, uno por cada sentido.

Personalmente guardamos dos recuerdos en dos etapas diferentes de nuestra ya larga vida: en aquella infancia en que jugábamos en el parque de la Virgen Blanca y buscábamos balas de la Guerra Civil, llegando a veces en nuestros paseos infantiles hasta la Ciudad Universitaria y, viendo al fondo, el inmenso viaducto de los Quince Ojos. Era realmente sobrecogedor pasar por debajo de sus arcos, tenían una altura inmensa vistos desde la óptica de unos niños de 5 a 8 años; el segundo recuerdo es ya en época universitaria, precisamente como estudiante de la facultad de Ciencias de la Información. Lo que ahora son los “campos de deportes” que cita don Florentino, situados detrás de Periodismo, en la segunda mitad de la década de los 70 eran huertas y un campo de rugby. Al fondo se hallaba el sempiterno viaducto de Cantarranas.

En época del presidente Felipe González, la zona cambió radicalmente con la construcción del famoso búnker de la Moncloa enterrando, para siempre, el viaducto del Aire y gran parte del de los Quince Ojos. Ni rastro queda de la profunda vaguada del arroyo de Catarranas.

Para hacerse una leve idea de los millones de toneladas de tierra que hicieron falta acarrear para enterrar los dos espectaculares viaductos, recomendamos leer el artículo de don Florentino Areneros y contemplar una de las antiguas fotos donde se ven las dos magníficas obras de ingeniería que Eduardo Torroja construyó para salvar el arroyo de Cantarranas.

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