domingo, 4 de noviembre de 2012

LUIS CANDELAS


¿Quién no ha oído hablar de nuestro legendario Luis Candelas? Es el Curro Jiménez madrileño. 

Luis Candelas Cajigal nació en 1805 o 1806, en el castizo barrio de Lavapiés. Aunque concretamente se dice que nació en la calle del Calvario, esto no está comprobado.  A pesar de ser hijo de un carpintero, aprendió buenos modales y gustaba vestir las camisas y ropas más caras de Madrid, así como comer los mejores guisos, no regateando nunca.

Como no tenía ni un triste real y le gustaba la vida fácil, en 1835 formó una cuadrilla que se reunía en una taberna de la calle Jacometrezo conocida por el "Traganiños". Aquí planeaba sus golpes y repartía los botines obtenidos. 

Tanto del bandido como de sus delitos se han inventado infinidad de folletines más o menos bonitos y tiernos que falsean la realidad. 

Hay que reconocer en su defensa, que todas sus fechorías las hizo con grandes dosis de ingenio y humor, pues sustituía la mayoría de las veces la intimidación con el engaño y la sorpresa.

Pero como todo el que actúa al margen de la ley, fue perseguido y atrapado varias veces. 

La última fue apresado por amor porque, tras fugarse a Gijón con intención de ir a Londres junto con María, su juvenil amor de diecisiete años, regresó a Madrid ya que ésta no quería salir de España. En una posada situada entre Olmedo y Valladolid fue cogido mientras dormía y, tras un juicio, condenado a morir por garrote vil.

«La máxima que rige mi conducta es la siguiente: el dinero está mal repartido y no es justo que mientras unos arrastran el coche los demás vayan por el lado. Así pues, los que nivelamos las facturas, sin matar ni hacer daño ejercemos una industria pacífica que hacen mal en perseguir (…) el que esto expone señora, es acaso el primero de su clase que no acude a vuestra majestad con las manos ensangrentadas, la fatalidad le condujo a robar,  pero no ha muerto, herido ni maltratado nunca a nadie». 

A pesar de que con estas palabras pedía clemencia a la reina María Cristina, su petición fue denegada siendo ejecutado el 6 de noviembre de 1837, acusado de varios robos y asaltos.

La ejecución se llevó a cabo en las afueras de la Puerta de Toledo. 

«¡Sé feliz, Patria mía!». Con estas palabras se despedía mientras comenzaba a rezar un credo que no terminó. Así acabó sus días Luis Candelas Cajigal, el bandido de Madrid. 

Como dato curioso de este hombre que supo morir con orgullo, es que siempre firmó Cajigal como segundo apellido, siendo a su vez el segundo de su madre que se llamaba María Bigala Cajigal.

Del libro “Curiosidades y anécdotas de Madrid”, Isabel Gea.
Ediciones La Librería. 10ª edición. 6,50€.
http://www.edicioneslalibreria.es/

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