En las
aceras, claro, porque para un parque de casi 190.000 vehículos de dos ruedas,
solo hay 6.318 plazas de aparcamiento habilitadas por el Ayuntamiento.
Recuerdo
una anécdota que me pasó cuando era soltera, allá en la segunda mitad de la
década de los 70 del siglo pasado, entonces me movía por Madrid con una
Mobylette. Estaba “candando” mi moto a una farola de la Puerta del Sol y en eso
que llega un policía municipal y me dice “Señorita, está prohibido aparcar en
la acera” ¿sí? Pues no lo sabía” “Pues sí, y si lo hace, le pondré una multa”.
Me quedo pensando y le digo “¿y cuánto es la multa?” no recuerdo a cuánto
ascendía pero sí mi respuesta “ah, vale, pues me sale más barato pagar la multa
que comprarme una moto nueva si me la roban”. El poli se sonrío y se dio media
vuelta. Dejé la moto encadenada sin que me pusiera la multa.
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