martes, 11 de febrero de 2014

Lo que el viento se llevó






Para evitar desgracias, nuestra querida y nunca bien ponderada alcaldesa ha decidido que lo mejor para los madrileños es desmontar el obelisco gemelo del que se desplomó anteanoche, y aquí paz y después gloria. Y el pobre obelisco huérfano, ya sin su hermano gemelo caído, ¿irá a parar al famoso almacén del Taller de Cantería de la Casa de Campo?

¿Y al autor de los dos monumentos gemelos se le resarcirá de la destrucción de sus obras? Y es que nuestra ciudad es experta en cargarse monumentos según le dé. Véase la magnífica cascada de 77 metros de longitud situada en la plaza del Descubrimiento y que caía, con gran ruido, formando un arco, sobre el acceso al Centro Cultural de la Villa. ¡A saber quién ha tenido la feliz ocurrencia de sustituirla por una mampara de plástico translucido imitando la cascada!

Claro que como el autor de la cascada, Manuel Herrero Palacio, autor igualmente de las dos fuentes cuyos chorros simbolizaban las tres carabelas ya había muerto, no pudo reclamar.

¡Señor, señor! qué poco respeto por los monumentos. El Ayuntamiento debe pensar que son de quita y de pon.

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