Ir al contenido principal

Los primeros relojes





El primer reloj que tuvo Madrid fue instalado en la torre de la iglesia del Salvador (calle Mayor esquina a Señores de Luzón), en un año desconocido del siglo XV. Lo que sí se sabe es que, ya en 1480, debía de ser algo viejo porque por lo visto, se estropeaba frecuentemente, lo que dio lugar a que los relojeros de la Villa y Corte lo dejaran por imposible. 

A pesar de ello, el Concejo no cejó en su empeño de arreglar el viejo reloj y escribió a Toledo para que enviase un relojero que lo arreglara. Como el presupuesto de éste supuso una cifra tan grande -añadida además a las anteriores reparaciones- el Concejo tuvo que pedir permiso a los Reyes Católicos para recaudar 30.000 maravedíes entre los vecinos para la fabricación de un nuevo reloj. El dinero se recaudó pero,... ¡ay!, se destinó a otros menesteres y se necesitaron dos años más para reunir otra vez la cantidad suficiente para el nuevo reloj e instalarlo en la torre.

Un segundo reloj se colocó posteriormente en la Puerta de Guadalajara. Como ambos relojes se hallaban muy próximos (en las plazas de la Villa y Herradores respectivamente), dentro de la misma calle Mayor, en 1522, el reloj de la torre del Salvador se alejó 200 metros siendo instalado en el Arco de Santa María (Mayor esquina a Bailén aproximadamente). De esta forma, los dos relojes se podían oír por toda la Villa, ya que estaban situados en el centro de la ciudad.

Ninguno de los relojes ha llegado a nuestros días. El del Arco de Santa María desapareció con el derribo del mismo en 1572 para poder ensanchar la entrada, y un incendio destruyó la Puerta de Guadalajara y el reloj en 1583.


Del libro “Curiosidades y anécdotas de Madrid”, 2ª parte
Isabel Gea.
Ediciones La Librería. 5ª edición. 6,50€.
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Por qué El Corte Inglés se llama así?

¿Por qué el edificio del Teatro Real tiene forma de ataúd?

El Teatro Real se construyó en el solar del antiguo teatro de los Caños del Peral que fue derribado por su mal estado en 1817. Un año más tarde, comenzó la construcción del nuevo teatro que se prolongó a lo largo de más de treinta años, siendo inaugurado en 1850 por la reina Isabel II. La planta del teatro resultó muy forzada por el solar que ocupaba, lo que había obligado al arquitecto Antonio López Aguado a articular la sala y el escenario de tal manera que quedaron muchos espacios vacíos así como un difícil tránsito a través de las alas y de las cajas de escaleras. Como la entrada por la plaza era de uso exclusivo para la familia real, y el público entraba por la fachada posterior en la plaza de Isabel II, los espectadores se veían obligados a recorrer interminables pasillos y escaleras. Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico señaló que «este edificio [el teatro] tiene la planta mas ingrata que para un edificio de esta clase ha podido elegirse». En cualquier callejero de Madrid…

¿Por qué Madrid se llama así?