Según
la prensa alemana “Madrid es una ciudad en decadencia”
Las
papeleras ya no dan más de sí y la bolsitas de cacas las dejan en el suelo,
alrededor de ellas, yo, la he puesto encima de la papelera, pero al volver a
casa pensé que daría igual, porque al primer golpe de viento, se caería y
terminaría con el resto en el suelo.
Y un
dato curioso, alguien ha podado los setos de la calle de detrás de mi casa,
porque cada vez pinchaban más y dejaban una acera muy estrecha, pero han dejado
todas las ramas en el suelo. No sé si es que algún vecino de la calle se ha
hartado ya de los pinchos de los setos -unos que tienen las hojas de color
burdeos y unos pinchos en los tallos que, como se enganchen en el pelo de los
perros o en la ropa de la gente, hacen muchísimo daño- o ha sido un jardinero
municipal en huelga y lo ha dejado todo en el suelo en señal de protesta, con
lo cual, ya casi ni se puede pasear por dicha acera porque los perros corren el
riesgo de pincharse en las patas, y esto ya es grave porque hay que llevarlos a
la clínica veterinaria.
En la
otra acera, en sentido regreso a casa hay una botella hecha añicos, o sea, más
peligro para las patas de los perros. Y luego, para colmo de males, como ya no
hay bolsitas de cacas desde hace ni se sabe cuánto tiempo y ahora las bolsas de
los súper las cobran, la gente empieza a dejar las cacas en las aceras, con el
consiguiente mal olor, moscas zumbando y, como no llueva, las calles de Madrid,
que ya son auténticos estercoleros, van a oler tan mal que no se va a poder ni
abrir las ventanas.
Ayer,
en la visita guiada en microbús organizada por Madrid, Ciudadanía y Patrimonio,
me fijé por todas las calles que pasábamos y el espectáculo era lamentable, con
basura desperdigada por aceras y bordillos, papeleras rebosantes -las que aún
seguían en su sitio, porque gran parte de ellas estaban arrancadas y tiradas en
el suelo-, contenedores de cartón con tal pila de cartones y papeles alrededor
que asustaban. Madrid se ha convertido en un gran vertedero. Y mientras dura la
huelga salvaje, los sufridos y pacientes madrileños hemos sido tomados como rehenes
entre los dos frentes: sindicatos y empresas concesionarias.
Nuestra
querida y nunca bien ponderada alcaldesa redujo drásticamente el dinero
asignado a las empresas concesionarias para la limpieza de Madrid y estas, se
han visto abocadas a un ERE que supone el despido de 1.143 trabajadores. Ayer,
tal como cuenta El Mundo, en la mesa de negociación se propuso «reducir
de 1.134 a 625 el número despidos a cambio de un mes de suspensión de empleo y
sueldo para el resto de la plantilla. Aparte, según explicó un portavoz de las
tres compañías, sería necesario lograr «un 12% de ahorro de costes» adicional,
mediante «jubilaciones, excedencias, bajas incentivadas, etcétera», y también
se producirían «modificaciones de jornada y turno».
Y mientras tanto, la prensa alemana critica a Ana Botella
por la decadencia de la ciudad con un titular más que elocuente “Madrid,
capital de los residuos”, e inciden en esa frase de la alcaldesa de que “Madrid
estaba un poco demasiado limpia”.
Y la prensa alemana, para más inri, informa que los
sindicatos que se han convertido en una “guerrilla urbana” “dedicados a la
destrucción de mobiliario público” y al “sabotaje y vandalismo”.
El artículo no tiene desperdicio :(
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