El
edificio fue expropiado por el Ayuntamiento en 2005, en tiempos de Ruiz
Gallardón y, en la actualidad, está compartido con vecinos “de toda la vida” y
okupas. Hace años fue adquirido por un empresario iraní que, con buena o mala
intención, lo rehabilitó despojándolo de sus tesoros interiores. Y ahora los
vecinos esperan a que el Ayuntamiento les realoje.
¿Qué
futuro le espera al palacio donde doña Carlota, su propietaria, le dio la
famosa bofetada ‑la segunda más famosa
debió de ser la de la película Gilda- al ministro Calomarde que quiso abolir la
ley para que Isabel II no accediera al trono? Y su respuesta fue “manos blancas
nunca ofenden”.
Comentarios
Publicar un comentario